Yo soy yo en tantos lugares...
Publicado el viernes, 3 de abril de 2009 @ por Unknown
La gente de Mashable! reseña hoy Namechk, un servicio de lo más útil si te la pasas inscribiendo tu glorioso nombre en cuanta página web te lo acepte.
Namechk verifica de un solo plumazo si tu nickname está usado o no en casi 90 páginas de red social, bookmarking, sitios de compartir contenidos y otros muchos que no sé para qué diablos son o ni siquiera sabía que existían, de manera que puedas corras a registrarte en los libres (así nunca los planees usar) o te enteres de la existencia de "gemelos de nick" con los que tal vez puedas iniciar una interesante correspondencia.
El servicio me recuerda a Instant Domain Search, que te informa si la palabra que propongas está disponible como dominio web, en sus sabores .com, .net o .org.
Ya sé, entonces, que hay un tal "Quiquex" registrado en 14 sitios, y me reconozco en 7 de ellos (Blogger y los relacionados con Google los más obvios)... habré de hurgar en los otros siete, para ver quién me suplanta. O si me registré en algún momento y lo olvidé, otro de los usos que ahora recién le descubro.
También sé que aún puedo disponer cuando quiera de Quiquex.com o Quiquex.net o Quiquex.org... como si mantener un simple y llano blog con ese nombre no supera ya mi precario sentido de constancia o responsabilidad. En fin.
Por cierto, desde un paranoico punto de vista, quien conozca tu nombre de usuario más común puede con algo de certeza averiguar sin tu conocimiento en qué otros sitios estás registrado. Tal como yo lo hice con los nom-de-guerre de varios panas...
¡Aaah, nostalgia!
Publicado el miércoles, 18 de marzo de 2009 @ por Unknown
Vía BoingBoing Gadgets (y ellos vía Palm InfoCenter, que lo conoció del foro de los propios protagonistas), me enteré de la Fiesta de Despedida que el Grupo de Usuarios de Hong Kong del Sistema Operativo Palm, HKPUG para abreviar, realizó en honor al tal sistema operativo en ocasión del anuncio de su muerte planificada.
¡La foto me trajo recuerdos! (Acá pueden ver el post del foro, con un montón más de fotos increíbles). Siempre fui un fan de este sistema, y de los equipos Palm, y tuve unos cuantos, que sólo dejaba cuando lo reemplazaba por el siguiente. Pero el sistema fue cediendo ante el avance de los celulares inteligentes (como el Treo, de la misma marca), que absorbieron prácticamente todas las funciones de las agendas electrónicas, y es así que un día, con mi bella y robusta Zire 72 en mano me pregunté: "¿Tiene futuro el Palm OS? ¿Tiene sentido aún tener una agenda electrónica?" La creciente redundancia de mis datos y funcionalidades entre la agenda y el celular me dieron respuesta, la gente de Palm no actualizaba el sistema operativo, y entonces, Mercado Libre mediante, finalizó mi larga y fructífera relación con el mundo del lapicito plástico, la escritura en pantalla (que nunca dejó de maravillar a los legos, ja ja ja) y la cerrada perfección del funcional conjunto Agenda-Libreta telefónica-Lista de Tareas-Calculadora.
He aquí la línea evolutiva de los equipos Palm que alguna vez tuve (guao, en mi mente eran un montón, pero supongo que estaba contando en cantidad de años):
Palm IIIe. El primer cacharrito. Ya poseía sin embargo las funcionalidades que hicieron legendario el Palm OS: la más revolucionaria el Graffiti, alfabeto escrito directamente en pantalla; otra la gigantesca base de programadores independientes que desarrollaban programas para la Palm que hacían (casi) cualquier cosa. Esta se la vendí a una amiga para comprar una...
Handspring Visor. Se sentía como un LTD al lado de la anterior, un Volkswagen. No era propiamente un equipo de marca Palm; su novedad, un sistema de crecimiento en base a módulos de terceros, instalables en un puerto trasero, que prometía maravillas: cámara (¡ufff!), mapas, lector de código de barras, literatura especializada, más espacio de almacenamiento... Nunca compré ninguno, sobra decirlo. Se la dí a mi hermano como parte de pago de no sé qué cosa, y a la semana se la robaron. Luego vino...
La "azulita", la Palm m130. ¡Pantalla a color! ¿Qué más se le podía pedir a la vida? La resolución no era para morirse, pero igual fue tremendo avance. ¡La agenda telefónica con fotos de todos mis amigos era un lujo! Soportaba además tarjetas SD. Esta la compré dos veces, porque me robaron la primera (junto a todo un koala, cartera, etc.) y no podía vivir sin ella, ja ja ja... Vendida también (creo, no lo recuerdo) para hacerme de una...
Zire 72, Edición Especial. Hasta aquí llegué. ¡Una belleza! Cuerpo de aluminio anodizado azul, cámara fotográfica, reproductor de mp3, ranura SD, miles de programas gratuitos a disposición (me cansé de bajar jueguitos, leer libros en su diminuta pantalla cuadrada, hasta usarla como control remoto de TV)... ¿qué le podía faltar a este equipazo?
Lo que le faltó a todas las anteriores: poder hacer llamadas con ella. Así, los teléfonos le fueron quitando mercado, pues hacían con creciente eficiencia todo lo que las PDA hacían, y todos conocemos el final de la historia... (a todas estas, nunca me pude decidir a adquirir un Treo, el celular de Palm con el que intentaron con cierto éxito evitar la debacle. Creo que aún no salían los que trabajaban con Windows Mobile, o cualquier cosa que no fuera el SO que más nunca evolucionó, lo cual me habría ayudado a tomar la decisión).
Actualmente, claro, las cosas pintan mucho mejor para la compañía Palm: sus equipos celulares usan WinMo o el Garnet (un PalmOS mejorado), y anunciaron recientemente el Palm Pre, una bestia de funcionalidades e integración (con un sistema operativo de nombre jodedor: WebOS, je je je...) que muchos ven como el próximo iPhone Killer. ¿Quién sabe? En esta costa alejada del mundo tal vez haga su aparición y pueda yo regresar, como hijo pródigo, a ser usuario de la marca, y pueda revertir ese mensaje que escribí ya hace algún tiempo en la pantallita táctil predecesora de tantos equipos de ahora:
Comprar, escuchar, acceder a la música
Publicado el miércoles, 11 de marzo de 2009 @ por Unknown
Esta mañana leía vía Libro de Notas una entrevista de El País.com a Daniel Ek, fundador del servicio de streaming musical Spotify, que ha generado una histérica ola de reseñas y reacciones en el patio en pocos meses. Ek dice —y en eso basa el modelo de negocios de su site— que los usuarios de música buscan, ultimadamente, tener acceso a sus canciones favoritas. No poseerlas: escucharlas.
(Tan perogrullada como suena, tener que adquirir el soporte físico de una canción y escucharla eran una sola e indivisible cosa —si no contamos a la radio, claro— hasta que el contenido se liberó de su contenedor volviéndose digital, y por tanto susceptible de manipularse vía computadoras hacia casi cualquier soporte).Los tiros de Ek van por donde apunta el multifacético Kevin Kelly en un texto reciente de su bitácora The Technium, Mejor que poseer (pero "¡In english, María Elena, in english!", como le decía Bardem a una loca Penélope en Vicky Cristina Barcelona), que defiende una tesis similar, aunque con un alcance más vasto.
Elk y Kelly sostienen, pues, que dar acceso a un contenido digital será el modelo de negocios que complete la evolución desencadenada por la digitalización. En el caso de la música, el streaming o básicamente, escuchar en internet.
Primero surgió, claro, la piratería, distribución libre o libertina de música que sacó (aún saca) de los cabales a la industria acostumbrada a proveernos de su producto tan de natural intangible, la música, en trocitos plásticos de múltiples siluetas (LP, cassette, CD, largo etcétera). Luego iTunes los calmó: señores, es rentable cobrar por cada descarga, incluso a un precio irrisorio por "unidad". Nació, creció y se multiplicó la descarga legal y pagada.
Y es acá donde calza mi pregunta/reflexión:
Aparte del vastísimo intercambio ilegal de emepetrés, ¿cuál será el modelo que predomine en el comercio de música vía internet? ¿Pueden coexistir los dos modelos, el de venta y el de streaming, o la fuerza de uno de ellos actuará sobre el otro hasta minimizarlo?Desde el punto de vista de un usuario de las tres tendencias, yo opino...
* * *
Sí, de las tres. ¿O voy a pasar por alto las gratificaciones cuasi-instantáneas y gratuitas aunque ligeramente delincuenciales de bajar música por Limewire o Taringa? No hay que olvidar que además estas fuentes son un poco hijas modernas de los cassettes grabados de los elepés de los panas, primera forma que conocí de meterme con el copyright de tantos artistas desde la comodidad de mi casa. Hijas con muchísimo valor agregado: una buena investigación en cualquiera de esos sitios sirve para llenar imperdonables baches en las discografías legalmente adquiridas, o nos provee de insólitas versiones desconocidas o en vivo, o "nos deja" probar un artista desconocido sin poner dinero en la apuesta.Foto: henry37
La descarga ilegal además viene siendo la única posible por estos lados olvidados de Dios, donde —que yo me haya enterao— ninguna iniciativa nos ofrece pasarnos al lado legal, pagar en bolivaritos y descargar canciones como bien estaría dispuesto a hacer.
Bien. Cubierto el "lado oscuro de la Fuerza", y no cubierto el modelo de pago por vivir lejos de la civilización, está el streaming. Spotify no está disponible aún por acá —aaah, repito, el placer de vivir en los márgenes— pero hay otras opciones. Soy usuario de last.fm (ver widget a la derecha--->) y puedo atestiguar sobre las ventajas de servirse de estas especie de "emisoras de radio altamente personalizadas".Comparo, entonces:
Como semiobsesivo colector/organizador: tengo una moderada a fuerte tendencia a juntar y clasificar, y esto con archivos de música y sus infinitos tags puede ser peligroso: pasar mi colección de música a un nuevo iPod me tomó por ello unas dos semanas. Mantener organizada una gran colección de mp3 de muy diversos orígenes en un espacio de disco rápidamente decreciente, buscar portaditas, corregir gazapos en los nombres de las canciones, discos... El streaming elimina de raíz esta bibliotecaria labor.
Como coleccionista de artistas: sentimientos cruzados; cuando me "emperro" con un artista procuro buscar todas sus producciones, así termine escuchando sólo lo más reciente. O sea que saber que tengo en una carpeta todas las canciones me tranquiliza. Pero, en teoría al menos, en last.fm podría estar todo el catálogo de alguien, y ¿de cuántas horas dispongo en la vida para oír cada tema de cada favorito?
Como escucha social: la red se lleva las palmas. La posibilidad de crear un perfil y compartirlo, conseguir a los amigos en la red y conocer otras personas con gustos similares enriquecen la experiencia. Todo eso aunado a la función de Recomendaciones del sitio (que se basa en lo que has estado escuchando y los artistas que prefieres), permiten descubrir música desconocida que te guste. ¡Muuucho mejor que "comprar un cd para ver qué tal"!
Como escucha itinerante: aún tener un reproductor de .mp3 es lo más cómodo cuando no se está frente a la compu. El creador de Spotify habla de que trabajan "en múltiples maneras para integrar el servicio en otras plataformas y aparatos", lo que apunta a clientes móviles de su servicio. Habrá que esperar (last.fm y otros ya disponen de clientes para celulares, pero no lo he usado pues el costo en conexión creo que sería prohibitivo).
Otras consideraciones: una característica que para algunos puede ser decisiva es que (al menos en last.fm y bajo nuestras condiciones locales) no puedes escuchar una canción específica en un momento específico. Es decir: el contenido puede ser tan personalizado como escoger artistas, estilos, canciones, discos. La canción puede sonar en ese stream a la medida, pero cuando suene. Es una emisora de radio, pues; no tu iPod (Spotify, creo, sí permite poner la canción que quiero escuchar ya; then again, algún día podremos...). Esto me inclina ligeramente hacia los mp3, sobre todo cuando (¿a quién no le pasa?) amanezco con una canción en la lengua y necesito escucharla. Cuestión de hábitos, pues.
* * *
¿Conclusión? Mmm... no la tengo. O en todo caso: para mí, los dos modelos satisfacen distintos aspectos de lo que "escuchar música" significa. Como usuario, me veo dependiendo de los dos sistemas. Claro que hay que añadir a la ecuación el costo, en cuyo caso habría que evaluar nuevamente. Pero las descargas pagas o los servicios "premium" de las redes de streaming no están aún entre mis experiencias...
¿Qué piensas tú? ¿Bajar las canciones —comprarlas cuando se pueda, "pedirlas prestadas" en las reder peer-to-peer mientras— o sólo escucharlas sin que los archivos pasen a tus manos?
Recién terminando este análisis/testamento me di cuenta de que apenas hago mención de la compra de cedés, forma aún más que viva de adquisición de música. ¿Será porque no recuerdo cuál fue el último CD que compré en una tienda? ¿Aún compras CD? ¿En la misma cantidad y frecuencia que siempre?
Todas las palabras registradas
Publicado el martes, 14 de octubre de 2008 @ por Unknown
¿Se practica el "cybersquatting"* en los blogs? Al menos accidental, o experimentalmente, parece que sí.
Quise esta mañana buscar el blog del amigo Jeanfreddy (Hay que ser irresponsable; buenésimo, por cierto, lo que escribe en ráfagas este maracayero) para ver si un comentario mío tenía respuesta (el ego, el ego...) y, ya que no tenía el Google Reader abierto, la tiré a pegar con la dirección: irresponsable, punto blogspot, punto com. Y no, no era: caí en una bitácora argentina, existencialista, adolescente y extinta. Nacida y fenecida en pocos posteos durante 2005.
Me lancé entonces otras pruebas —ya olvidado el plan egosurfista— y probé con otras palabras sueltas, partiendo de la errada "irresponsable": Comestible. Intolerable. Insufrible. Sufrimiento... y todas tenían algo en común: ya reservadas, pero con uno o dos posts, y viejos. Una prueba nada más y ya estaba "gastada", en cuanto a blogs se refiere, una palabra del diccionario.
Seguí probando. Dios. Padre. Hijo. ¡Espíritu Santo!: tomadas. Mierda. Carne. Hoy. Today. ¡Con dueño! (En el breve blog "Hoy" me apareció la primera advertencia para quienes pudieran querer reclamar esa palabra tan usada: "THIS IS MY BLOG AND I AM NOT GIVING IT UP SO JUST STOP MESSING AROUND").
Responsable, insensible, insoportable, duro, ya son blogs, pero con un solo post, "probando", "testeando". (Soportable sí estaba libre: hay preferencia por las cualidades negativas). Cambiando. Caminando. Seguí con expresiones comunes: Caminando voy. Por la vida voy. Voy por la vida. La vida no vale nada. Todas ya marcas registradas, en blog.
La última estadística que leí sobre creación y mantenimiento de bitácoras digitales decía algo así como que 8 de cada 10 blogs creados (de los cientos de miles que nacen diariamente) no pasan de unos cuantos primeros posts; palabra cierta. Y aún cuando las "direcciones" en internet son un conjunto de numeritos que al parecer dan todavía mucho juego, me queda la impresión de que las palabras del idioma se van quedando estacionadas en unos intentos fallidos de bitácora. Y conseguir nombre para una nueva se hace tan trabajoso como encontrar un nombre para un "arroba hotmail punto com" que no esté ya usado... (¿Lo han intentado últimamente? Alucinarían. Me gustaría poder ver la lista alfabética de correos hotmail... pienso en aquellos ¿mil? monos escribiendo en máquinas de escribir).
¿Llegará un momento en que por abandono o inactividad, estas direcciones queden libres otra vez? (Antes de que digan algo sobre mi escasa actividad por acá: ¡EY, ¿ESTOY ESCRIBIENDO, NO!? JA JA JA...). Quién sabe, a lo mejor "Dios punto blogspot punto com" podría necesitarse para algo más que un simple y único "Paz y amor", Jorge...
(*) Revisando la definición estricta de este novedoso término, no es propiamente cybersquatting lo que ocurre en estos casos que expongo, pues no se está reservando de mala fe el nombre de marcas comerciales conocidas con la esperanza de transar monetariamente en el posible reclamo. Pero el concepto es, al menos, pariente cercano...
ACTUALIZACIÓN: Acabo de encontrar el equivalente ibérico al término que define el más común fraude de registro de dominios: es ciberokupa. Que estos españoles tienen nombre pa' tó...
Valentina Quintero a la Real Academia
Publicado el domingo, 8 de julio de 2007 @ por Anónimo
No, no es una noticia: es una propuesta.
Esta inquieta y dicharachera comunicadora ha hecho un valioso aporte al idioma que deja atrás su gran trabajo por la difusión de los más secretos y valiosos sitios turísticos de nuestro país. Hablo, por supuesto, del uso del adjetivo solidario como sinónimo de barato o razonable (refiriéndose al precio de un producto o servicio).
Seriamente, ¿no se han dado cuenta de que, prácticamente para todo el mundo en Venezuela, algo solidario es algo que se puede pagar, que no está caro? Y me atrevería a decir que no todas las personas que usan la palabra con ese significado saben de Valentina y su programa de TV, Bitácora, o su columna Manual de Ociosidades, su Guía turística o tantas otras exitosas iniciativas. De hecho, yo mismo no solía ver el show de TV. Pero absolutamente todos entendemos cuando alguien nos dice quédate en tal hotel, o compra en tal tiendita, que tiene precios solidarios. Y esta mañana viendo el periódico me conseguí el término en un aviso, describiendo ya no recuerdo qué —pero ciertamente nada asociado con turismo o alguno de los productos de esta industriosa mujer— y me di cuenta de que verdaderamente forma parte ya de nuestra lengua coloquial hablada y escrita.
Cuando uno se va al mataburros de la RAE, éste nos informa que solidario es "adherido o asociado a la causa, empresa u opinión de alguien". Pero... ¿barato? ¿de precio razonable? Vuelves a darle vuelta a la definición del libro y... sí, lo entiendes. Lo que esta mujer ha hecho con el vocablo es darle una vuelta acrobática que le asigna una serie de significados muy ricos: cuando oigo precio solidario veo las posadas y negocitos de los pueblos del interior, veo acuerdo para progresar, colaboración entre servidor y servido, actividad pujante, solidaridad de visitado y visitante para mutuo beneficio... te pongo un precio solidario pues estamos asociados en una causa o empresa común: el país, la región, progresar, echar pa' lante.
La foto es de su website, visítenlo.