2008: media hora antes, tres ceros menos

Ayer se formó donde trabajo una gallera en la hora del almuerzo con el asunto ese del cambio de huso horario oficial para nuestro país. ¿Cómo es la cosa por fin? era la pregunta más repetida, en la mismísima oficina que revisa todos los periódicos matutinos caraqueños como parte de su rutina.

La confusión tomó la vía de distintas situaciones hipotéticas. Cómodas: ¿O sea que ahora nos vamos a levantar más tarde? ¿Voy a dormir más? Desesperanzadas: ¡Ay, yo no sé, eso va a ser un problema grandísimo! Laborales: ¿Y el horario de trabajo cómo queda? ¿Salimos a las cuatro? Abiertamente hostiles: ¿Y esa gente tiene derecho a hacer eso? La verdad es que este gobierno...

El concepto de que la hora oficial, el cambio en sí, se ejecutaría una sola vez, fue difícil de colar (¿Una vez? ¿Y después vuelve a lo mismo?). No quise imaginarme el desorden si sufriéramos lo que en otras latitudes ya se toman como rutina, el DST o Daylight Saving Time que acomoda para adelante y para atrás los relojes en no sé cuál cambio de estación, todos los años (me tocó estando en Barcelona de vacaciones este año. En el noticiero lo despacharon con un simple recuerde mañana cuando se levante adelantar su reloj una hora).

La joda se extendió más allá por ser el cambio propuesto coincidente con el fin de año. A las doce de la noche, entonces, se atrasa el reloj media hora. ¡Entonces aún no son las doce! ¿Cuándo carajo nos damos el feliz año? Y más importante: cuándo faltan, realmente, cinco pa' las doce? Aurelio vió la oportunidad de negocios: ¡Yo no sé, voy a poner en venta el tema Faltan treintaicinco pa' las doce, como el tema oficial de este año! Yo, más modesto, sólo le lancé la oportunidad a los DJ: mezclar el tema clásico por media hora, de suerte que sonara: faltan cinco pa' las... cinco pa' las... cinco pa' las... (quien diga "o con un disco rayado," busque su cédula en el piso, por favor) y así hasta que se cumpla el lapso adecuado. Ciertamente si hacía falta un elemento más que añadir a las bochincheras reuniones de diciembre, nos han servido este en bandeja de plata...

Ya más puestos a ver el cambio en sí, a mí lo que me jode un poco es que sea una modificación ahí a medias, rara, que nos deja en el incómodo escalón de "-4:30 GMT" si es que tal cosa existe. También me parece que si se corre la hora más hacia el oeste, el día —el día solar, digamos— comienza entonces treinta minutos antes, logrando el efecto del que hablaba el ministro (la gente se levantará de día y no en lo oscuro para ir a su trabajo o a clases), pero también se nos acorta al final de la tarde. ¿Eso no es más bien malo? ¿Que ahora comience a oscurecer media hora antes? Si ya las cosas están para encerrarse en casa cuando dan las siete u ocho de la noche, imagínense cuando el sol se oculte pasando las cinco y media (y hacia finales de año será incluso antes, recuérdenlo)... ¿Quién quiere a la gente metida en su casa tan temprano, las calles abandonadas a los malvivientes? Tal vez a Gómez le parecía muy bueno, pero la verdá... Wait...

* * *
En fin. Después todo se complicó más. Como he estado haciendo frecuentemente durante ese rato muerto del mediodía, solté un comentario (Y ya subieron El Nacional del domingo a uno ochenta...) acerca del cambio de moneda, que también ocurrirá cuando muera 2007.

En esto sí que casi todos los flojos para sacar cuentas están resignados a perder dinero mientras se acostumbran. O al menos a dejar de comprar en esos primeros días, salvo lo que marque montos enteros o lo que sepan cuánto cuesta exactamente. Yo les digo que con los tres meses de doble marcaje de precios a finales de este año tendrán suficiente práctica, pero entonces cuando alguno dice O sea que ahora pago en el carrito diez bolos, ¿no? lo pienso mejor... ¿Me meto a camionetero?

El problema es que hay una amplia parte de la población que conoció, en cuanto a la moneda anterior, cuando mucho el fuerte y el bolívar, si acaso el real por referencias. Los más viejitos tendrán dificultad, dada la edad, para sacar cuentas, pero al menos ellos sí negociaron con reales, medios, puyas e incluso lochas. Los decimales no serán problema, aunque tendrán que estirar ese músculo largamente atrofiado. ¿Pero los que rondan la adolescencia, la veintena de años? Las monedas actuales no les ayudan, porque de la de 50 para abajo la usan poco o nada, y aún así se trata de bolívares enteros. De la coma hacia la derecha hay para ellos un territorio inhóspito, inexplorado (y con la perla de sistema educativo actual...)

* * *
Que va a estar buena la cosa, digo yo. Tremendo principio de 2008: la confusión contando sencillito, los abusadores con los vueltos, los vivos haciendo negocio... aderezado con los que creen que van a dormir más, los que olvidaron atrasar el reloj, los choros sueltos antes de las seis... Eso sí: los niños aliviaditos porque se levantarán para ir al colegio de día... Sin duda le quitará a esos primeros días de enero, que son al año lo que el domingo por la tarde a la semana, el típico sopor y aburrimiento que siempre lo ha caracterizado. Interesting days, ahead of us...

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Ese futuro nos alcanzó


¿Recuerdan esas películas y series de televisión ambientadas en el futuro, de oscuro tinte post-apocalíptico, en las que la tecnología es tan avanzada que puede verse en los recónditos callejones y covachas de los rebeldes —siempre hay rebeldes— aparatos despanzurrados, restos de inentendible complejidad, basura con cablecitos y bombillitos?

Casi siempre el protagonista podía echar un ojo durante un apuro y, recogiendo aquí y armando allá, podía poner a funcionar una combinación de esas partes desechadas, creando bien sea el arma que lo defendería de quien le estaba persiguiendo, o el transmisor que comunicaría a sus salvadores su ubicación precisa, o la parte electrónica que hacía falta para que la nave interplanetaria accidentada recuperara la chispa suficiente para el arranque hacia la salvación.

¿Hemos llegado a esa fase de la civilización? Hombre, tanto así no, pero vamos por buen camino. Al menos por mi casa, ya es posible tropezarse cada mañana, entre las pilas de ropa vieja (crisálidas de habitantes callejeros), olorosas bolsas de restos orgánicos y demás, equipos computacionales, de oficina, de música y otros en diversos estados de obsolescencia, conservación e integridad. Computadoras y sus abandonados diskettes, huérfanas impresoras, amarillentos teclados; cadáveres descuartizados de lavadoras y cocinas; motores de todo tamaño y uso, y sus partes; misteriosos circuitos integrados de coloridos cables.

Aún no me he encontrado a ningún experto agachado armando un walkie-talkie de las diversas piezas; más bien, de hecho, cuando alguien interactúa con ellas está despedazándolas a golpes contra el suelo para extraerle secretos, chispas de vida, o cobre para reciclar. Pero algo es algo. Sueño despertar un día y ya no necesitar ir a una tienda a por repuestos para los equipos de casa. Revolver un rato la basura será la solución.

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¡Cambalache de Relectura!

Ayer vi en el sitio de Relectura, ese sitio de amantes y promotores del libro, la lectura y los escritores, que quedan pocos días para la actividad que han organizado en Chacao, el intercambio de libros. En sus palabras:

Te preguntas qué hacer con esos libros que no quieres tener más en tu biblioteca porque ya los leíste, no los vas a leer jamás o los tienes repetidos. El martes 7 de agosto, a las 7:00 pm, en el Centro Cultural Chacao, ReLectura invita a toda la comunidad lectora a nuestro primer intercambio de libros: ¡Cambalache! Trae lo que te sobra y encuentra lo que te falta.
Hay que registrarse como usuario en su foro para, si deseas, colgar la lista de los libros que llevarás, y revisar las que ya han publicado. Yo corro a hacer lo propio, cosa de tratar de reservar algunos "lomitos" a los que ya publicaron.
¡Eso va a estar bueno! Más información, en el foro de Relectura.

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t-5


Y bueno, falta menos. Este viernes es el estreno de la esperada (¿por qué tantos años?) película de Los Simpsons. Para la cual, por supuesto, ya tengo los boletos.

En la fiebre por la espera estuve revisando el site de la película y, como otros cuantos blogueros, creé mi avatar allí. Compárese con la imagen que publiqué en diciembre, especie de proto-springfieldiano de plastilina construido para el nacimiento que se hizo donde trabajo. ¿Alguna semejanza?

En fin: dense una vuelta por allá para ser simpsonizados...

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Pal perfil, again

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Valentina Quintero a la Real Academia

No, no es una noticia: es una propuesta.

Esta inquieta y dicharachera comunicadora ha hecho un valioso aporte al idioma que deja atrás su gran trabajo por la difusión de los más secretos y valiosos sitios turísticos de nuestro país. Hablo, por supuesto, del uso del adjetivo solidario como sinónimo de barato o razonable (refiriéndose al precio de un producto o servicio).

Seriamente, ¿no se han dado cuenta de que, prácticamente para todo el mundo en Venezuela, algo solidario es algo que se puede pagar, que no está caro? Y me atrevería a decir que no todas las personas que usan la palabra con ese significado saben de Valentina y su programa de TV, Bitácora, o su columna Manual de Ociosidades, su Guía turística o tantas otras exitosas iniciativas. De hecho, yo mismo no solía ver el show de TV. Pero absolutamente todos entendemos cuando alguien nos dice quédate en tal hotel, o compra en tal tiendita, que tiene precios solidarios. Y esta mañana viendo el periódico me conseguí el término en un aviso, describiendo ya no recuerdo qué —pero ciertamente nada asociado con turismo o alguno de los productos de esta industriosa mujer— y me di cuenta de que verdaderamente forma parte ya de nuestra lengua coloquial hablada y escrita.

Cuando uno se va al mataburros de la RAE, éste nos informa que solidario es "adherido o asociado a la causa, empresa u opinión de alguien". Pero... ¿barato? ¿de precio razonable? Vuelves a darle vuelta a la definición del libro y... sí, lo entiendes. Lo que esta mujer ha hecho con el vocablo es darle una vuelta acrobática que le asigna una serie de significados muy ricos: cuando oigo precio solidario veo las posadas y negocitos de los pueblos del interior, veo acuerdo para progresar, colaboración entre servidor y servido, actividad pujante, solidaridad de visitado y visitante para mutuo beneficio... te pongo un precio solidario pues estamos asociados en una causa o empresa común: el país, la región, progresar, echar pa' lante.

La foto es de su website, visítenlo.

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¡Hola... desconocido!

¿Alguna vez se han preguntado por qué uno —así, de buenas a primeras— saluda a alguien a quien sólo conocen de vista, cuando se lo consigue por casualidad en otro sitio ajeno al sitio de donde siempre lo ve?

No sé si les sucede como a mí. Pero suele ser, bueno... entre gracioso y embarazoso. Puede tratarse de un vecino de calle que te cruzas siempre en tu camino a casa. O alguno de esos cuatro amanecidos que esperan el Metro siempre a la misma hora contigo. Una vendedora o un vigilante que ves todas las veces que vas a casa de tu mamá. La clave está en que, primero, el encuentro sea más o menos regular; segundo, que sea tan fugaz e impreciso que nunca haya mediado más que una mirada, tal vez medio incómoda, de reconocimiento.

Entonces estás un día en otro lugar —el último donde recuerdo que me haya ocurrido, por ejemplo, es la playa— y te cruzas con dicha persona de nuevo. ¡Y la saludas, o te saluda!

Uno de repente se siente como un actor entre escenas: se supone que tu personaje y el del otro actor (los que interpretan cuando se ven, en el lugar de siempre) no se conocen. O no deben conocerse, según el guión. Tal vez los dos son extras. Pero ahora, extraídos de la "escena", son un par de colegas. ¿Qué tal, cómo va el trabajo?, se pueden decir tal vez. ¿Cuándo entramos de nuevo al plató?, tienes ganas de preguntarle; pero usualmente, si hay conversación, es ligera e impersonal. De cortesía. Inocua, salvo quizá por una dramática consecuencia: ya no serán desconocidos en el próximo encuentro regular. Los personajes se conocen en la próxima escena.

Otra perspectiva: tal vez, al menos en algunas de esas ocasiones, lo que ocurre es una reacción medio involuntaria, natural, que tienes cuando ves una cara conocida en un ambiente lleno de anónimos. Mientras tu cerebro intenta poner esa cara en su contexto usual, el momento se te abalanza encima y de repente ya has saludado, de lo más fresco, al portador del rostro, cuando caes en cuenta: ¡pero si a este no lo conozco, sólo lo veo de vez en cuando! En fin... quedarás como un tipo amigable, o como un "salido" para algunos, y entonces nada cambia en "la otra" película: siguen siendo dos extras. Cobrando mínimo.

Pero esta segunda explicación encierra el peligro de que, una vez recuerdes de dónde conoces al saludado, te des cuenta de que... ¡es un indeseable! Una ex que te odia, un cliente con el que discutiste acaloradamente, un imbécil de tu oficina que se cree la gran cosota o que jura que tú te crees la gran cosota. La idiota que no quiso bailar contigo en el cumpleaños de tu tía. Alguien, en definitiva, a quien no soportas y no saludarías en su natural contexto...

Escribiendo para mi otro blog una descarga sobre la gente que no saluda, aludía a uno de esos maleducados y malencarados, un mensajero de mi trabajo, cuando me acordé que precisamente con él me sucedió algo así... ¡No te responde un saludo ni que le pises los callos al pasar! Pero un sábado nos cruzamos por la plaza, cerca de donde vivo —andaba él, por cierto, aparejado; tal vez eso influyó— y se sonríe y me saluda como un pana de toda la vida... ¡¿Qué pasó aquí!? me pregunté, clavado donde estaba. ¿Será algo en las condiciones en que normalmente nos vemos? ¿Protocolos distintos, un cambio climático, se acerca el fin del mundo tal como lo conocemos? ¿Andaba feliz, drogado, o luciéndose con la costilla? No... lo fui comprendiendo de regreso a casa: tuvo una de esas lentas reacciones cerebrales... el momento se le abalanzó encima y, cuando ya me había saludado, pues sólo entonces... ¡Je, je, je!

Pero yo, tranquilo: en esta película de la rutina, nuestros personajes siguen siendo "Tipo que pasa del ascensor al pasillo #1" y "Mensajero que a veces está en los ascensores #3"...

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No leerla de noche y por partes

Tengo últimamente una especie de problema de fijación, tal vez exacerbado por la manera espasmódica moderna de leer y de ver —revistas y blogs, videoclips y noticieros— que hace que pierda la atención ante un argumento demasiado largo, o demasiado complicado, sobre todo si no lo logro resolver en unas pocas sesiones. Cuando me embarco en una labor de lectura de largo aliento (descubro un blog buenísimo con bastantes entradas antiguas, agarro un sesudo artículo en una revista), trato con toda mi alma de cepillarme todo lo que pueda ahí y en ese momento. De no hacer esto, el interesante contenido corre el riesgo de caer en la pavorosa cola de pendientes de la que quién sabe cuándo saldrá.
Esto es un inconveniente cuando el tiempo que tienes para leer es un rato cada noche, y durante ese rato te da sueño a las pocas páginas.

Así que quizás ese problema fue lo que me hizo no disfrutar plenamente de esta novela que compré en diciembre, Lunar Park de Bret Easton Ellis.
Un argumento que me capturó en un primer momento revisando la cubierta en Nacho, y que me mantuvo interesado con sus primeros capítulos ya en casa, se me fue perdiendo entre situaciones a veces reales y a veces oníricas (en la trama y en la realidad: a veces no sabía si estaba leyendo o me había quedado dormido), muy calmadas y explicadas, que me parece que hicieron perder fuerza a la historia en general.
O tal vez esa historia original se fue por derroteros para mí difíciles de seguir. Los primeros capítulos, de hecho los que me tenían atento, esbozan una autobiografía casi totalmente real. Allí es donde Ellis se dibuja en toda su decadente gloria, y hace un repaso por lo que configura su vida actual: fiestas donde circulan las drogas y los contactos famosos o millonarios, alumnas de su clase, una de las cuales es su amante, una esposa actriz desconectada e histérica, un hijo que lo llama Bret y una hija que insiste en que su muñeco de peluche ha cobrado vida. Y una novela que está escribiendo.
Cuando se desencadena todo el meollo de la novela es cuando empiezo a perderme. Comienzan a desaparecer muchachos de la edad de su hijo. Ocurre una serie de asesinatos escalofriantemente parecidos a los que describe él mismo en su American Psycho. Lo ronda un sujeto a imagen y semejanza de su Patrick Bateman, a bordo de un Mercedes como el que tenía su padre, con quien nunca se comunicó del todo bien y que ahora después de muerto parece enviarle mensajes de múltiples y sutiles formas. Su casa empieza a mutar y parecerse a la que habitaba cuando niño. Su perro lo odia, la esposa lo lleva a terapia matrimonial, lo persigue un peluche asesino.
Todo se sucede en diferentes planos de realidad, o en lo que parece ser interpretaciones distintas de la misma realidad, sea que se haga bajo un estado de drogadicción avanzada, o en sueños, o bajo una paranoia que que debe resolverse poniendo claros ciertos asuntos del pasado. Su pasado real y los pasados de sus ficciones.

Y es ahí donde quizá juega un papel importante leer esta novela en un estado de concentración definitivamente distinto al que yo le otorgué. Detalles que pueden haber sido considerados la clave con la que descifrar situaciones posteriores, se me escapan. Los domésticos misterios develándose en una suerte de pasmoso suspenso se me hacían más bien efectistas. Y mezclar los distintos estados de conciencia del autor, del protagonista y los míos —en los que predominaba un cálido duermevela— ya fue demasiado: no ayudaba. Para cuando desenlaza el gran problema existencial de Easton Ellis con su pasado, ya casi no me importaba...

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¿Lo reconocen?

©Warner-Bros Pictures

Y cómo no...
Pues es la versión para el cine del Mach 5, el famoso vehículo del inefable Meteoro, cuyas aventuras ya empiezan a preproducir nada menos que los hermanos Wachowski en Berlín esta semana. La película Speed Racer se estrenará en mayo de 2008. La Christina Ricci será Trixie (es igualiiiita), ¡y el carajo que hace de Jack en Lost es Rex, el hermano de Meteoro!
Así que hay que esperar una puesta en escena alucinante y unos efectos más allá de todo pronóstico de estos fritos que parieron Matrix... aunque han dicho que esperan hacer una película cálida, familiar, para todo público (si hasta Jonh Goodman aparece). Veremos.
Sinceramente, ya no quedan sino unos pocos shows de TV y alguno que otro cómic no depredado por el cine... ¿¡Dios, no hay nada sagrado!? ¿Qué viene después? ¿Maguila Gorila vs. Terminator? ¿Lorenzo y Pepita, la película? ¿Condorito I: The beginning?
Sólo esperemos que no desvirtúen la historia que recordamos, y resuelvan el gran misterio que siempre reinó en la serie: ¿cuándo se enterará Meteoro que su hermano... ¿qué tanto hacían Chispita y el mono en la maleta del carro?

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¿Leer en orden, leer con método, leer con un propósito?

Estoy haciendo una lista de libros que podría encargarle a una compañera de trabajo próxima a viajar a Buenos Aires —ironía: reviso los potenciales candidatos y veo que la gran mayoría está editada en... Barcelona, de donde acabo de regresar de vacaciones. Y allá lo que hice fue comprar cómics como poseso, y unos pocos libros al azar— y me doy cuenta de que tres son sobre guerra —la Primera, la Segunda, una civil— y uno de Ciencia Ficción. Nada acerca de lo cual creía estar especialmente interesado actualmente. Pero se ven buenos en las críticas que leí.
Actualmente leo Lunar Park, novela donde el autor —ícono de la crítica al american way, a los vicios modernos y al éxito rutilante que esclaviza y enajena— escribe sobre un vicioso autor moderno —su homónimo— , enajenado por su éxito y súbitamente acosado en la vida real por sus propios personajes y los hechos de sus libros.
Nada que ver con la lista de encargo.
Antes de este, me cepillaba un librito jugoso como una fruta robada, que disfruté bastante a pesar de que —o quizá porque— no se parece mucho a mí: un manifiesto destemplado, grosero y existencialista de un autor colombiano al parecer parejamente elogiado y "puteado" para ponerlo en sus propios términos. Una novela que me arranca carcajadas y bostezos, que quizá me presente problemas para clasificarla o recomendarla, y que de seguro leeré otra vez más adelante.
Nada que ver con todos los anteriores.

El punto es que veo todos estos libros, y los que están en la larga pila de "pendientes", y no veo... un curso, un camino, o un llegadero; ningun orden o lógica subyacente, conciente o inconciente, sistemática o caprichosa, que guíe o refleje lo que leo. ¿Y debe haberla?
Cuando tomo un libro y de alguna manera enumero los factores que me hacen decidirme a leerlo (y pueden ser tantos y tan disímiles: este carajo me lo recomendaron; alguna vez le di vueltas a este tema; mira, el Nóbel ese; ya tengo algo leído de este tipo, tal vez entienda algo por fin sobre este tema; escribe como Dios; está barato; ¡me atrae la portada!; se habla mucho de este; no puede ser que no he leído a tal; quiero escribir como él; larguísimo etcétera), a veces intento, si me ha gustado, buscar algo similar pues podría ser también interesante. Entonces se multiplican las posibilidades: ¿Más de este autor, o más de este tema? ¿Uno de estilo similar o alguno que lo contraponga? ¿Tal vez un paisano, o un compañero de generación? De cada obra que uno termina de leer salen mil hilos invisibles hacia otras tantas experiencias posibles... ¿Qué leer después? ¿Y por qué?
Conocí a un muchacho, encargado de una librería para más señas, que me declaró (creo que ante una duda entre dos libros que yo quería comprar, no recuerdo) con la seguridad de quien tiene ya su norte, es que yo sólo leo latinoamericanos. ¡He ahí claridad! ¡Método, objetivo en la vida! Tal vez un poquito de estrechez de visión (¡y no estoy diciendo que el conjunto de la lit. latinoamericana sea pequeño: es toda una cosmogonia, pero es aún un subconjunto), tal vez verdadera vocación de investigador, quién sabe si una metódica mente. Quizá sólo un granito de fanatismo racista por ahí.
Pero el caso es que lo envidio un poco. Tener un camino trazado te da un poco de seguridad, e incluso debiera mejorar la experiencia lectora: un clásico ya digerido te dará el piso para disfrutar aquella obra que lo celebra o reinterpreta; leer a un autor cronológicamente te deja ver su evolución o crecimiento. Hay libros que no llegan a tiempo, otros se adelantan: alguno que otro que recién comprado lo dejo a medias porque "no lo entiendo" o "no me entra", se relee unos años después y algo hace clic: ahora sí; después de muchas otras experiencias sí.

La culpa, digo yo para quedar tranquilo, es de los miles de impertinentes que se empeñan en escribir, escribir, escribir. Más y mejor. Y el manual de instrucciones, perdido...
Y de uno, que no puede tener 28 horas diarias ni 245 años de vida para trasegar todo aquello con un mínimo de compostura, método o provecho.
Y de los amigos, con sus bibliotecas a la orden, abiertas afrentas a la tranquilidad del espíritu.
Ah, y de Rafael Osío, que no deja de recomendar. Y la pega con una frecuencia...

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Una lista ahí, a la derecha -->

Como no dejo de revisar blogs ajenos —qué vicio, no te deja tiempo pa' ná— encontré el de un Luis Bond Álvarez Guillén, Blue Fields, un escritor/cineasta/estudiante de periodismo que se lanza unas excelentes parrafadas acerca de cine (sobre todo; es su campo), libros, reflexiones and whatnot, bastante recomendables. Hete ahí el linko.
El caso, empero, es que ví en esa bitácora una lista, "En la actualidad", contentiva de cuanto el autor está consumiendo o haciendo: libros, películas, proyectos... Me pareció pero que muy buena, un Twitter of sorts, y me la copié.
Así es: podrán observar allá, bajo el cuadrito de Flickr, la lista (un primer bosquejo) de cuanto consume mis ratos —además de esto que se supone que hago en esta oficina: el empleo.
Espero sin embargo no quedarme allí en cuanto a esos ítems listados: ya estoy preparando un post sobre ese libro de Easton Ellis, y la idea es que comente algo también de cada película, o libro, o canción, o blog descubierto, etcétera. Que hay que hacer ejercicio con estos dedos y estas teclas, joder. Y que este blog se va a morir de mengua si no...

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Planeta de repuesto

Pues descubrieron un planeta de características similares a la Tierra. Dice la noticia que dadas su temperatura y composición, no es demasiado especular que pueda darse agua y vida allí. Vida humana, sin embargo, pues quién sabe:

  • el planeta está "relativamente" (en astronomía, ya sabemos) cerca: veinte años luz y medio. Supongamos que desarrollamos la manera de viajar a casi la velocidad de la luz, sin alcabalas de la Guardia Nacional, borrachos manejando o compra de pasaje en La Bandera: de todas maneras llegaremos unos veinte añitos más viejos, lo que no me hace demasiada gracia;
  • la temperatura estaría entre 0 y 40 grados celsius, dicen que soportable, aunque lo mismo decían de Caracas y ahora mismo no hay quien aguante estos calorones;
  • orbita su estrella, Gilese151, en trece días. ¡¿Quéee!? Llego más viejo y además cumplo años cada dos semanas? Nooo, gracias...
  • la gravedad en su superficie es 2,2 veces la terrestre, así que veamos: cincuenta y pico de años (y contando), mas el alma (y el c...) pesándome el doble... Un paraíso, definitivamente;
  • y su radio es una y media veces el de nuestro planeta. Genial. Además, todo queda más lejos.
Con todo y buhoneros, alcalde, calor y demás males, creo que mejor no me anoto en la lista de los pioneros a visitar el tal planeta...

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Si te gustan las malas noticias...

...esta es una buena. Modest Mouse sacó al fin nuevo disco, We were dead before the ship even sank. Espero impaciente a Madre, que anda por Florida de visita a mi hermano, a cuya dirección ordené este CD por Amazon.
Para ser sinceros, ya escuché algunas cancioncillas por ahí, y me parece que siguen Isaac Brock y sus secuaces en su desfachatado estilacho de conmisera¿bles? bravatas claseobrera, un gustazo.
Daré entonces —quizá— la próxima semana un descansito al poderoso Good news for people who love bad news, ese excelente disco anterior al que siempre saco nuevas lecturas y donde anidan tantos inusitados relámpagos poéticos entre rabiosos riffs, destemplados coros de bar e himnos de perdedores optimistas.

I know that starting over is not what life's about.
But my thoughts were so loud I couldn't hear my mouth.

My thoughts were so loud I couldn't hear my mouth.

My thoughts were so loud.

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Hello,

I'm back.

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Y... ¿quién quiere ser vulnerable?

"One of the things I've learned about fiction —you really do lay yourself open in a way that no other so-called creative artist does. Most other art you're just exhibiting a particular talent, even poetry up to a point, but by writing fiction you expose not only your talent but your whole being, your social, sexual and psychological being and you're never more vulnerable than when you do that, and I'm well aware of that fact and will take it into account."

Martin Amis
(aunque yo lo tomé del encabezado de uno de los numerosos blogs
de Roberto Enríquez —Bob, "
lector, escritor, consumista y fetichista"—,
cada uno más adictivo que el otro)

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Fácil

Encontré el otro día en el periódico un artículo interesante sobre procrastinar. Me puse a guglear y hallé más referencias, hasta que armé un pequeño dossier sobre procrastination: su definición, sus causas, consecuencias, maneras de evitarlo.
Imprimí en un práctico booklet todo lo que encontré, de manera de tener a mano todas esas valiosas técnicas para sobreponerme a mi proverbial tendencia a procrastinar. Estaba decidido a seguir, como fiel miembro de AA, los pasos que me liberarían del yugo terrible de mi defecto.

Allí está sobre mi escritorio, el librito. Tengo que encontrar un rato libre (y las ganas) para leérmelo. Maybe later...

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Cuando yo viva en Springfield...

...creo que luciré así. A lo mejor un poquito más amarillo, para hacer juego con la gente de ese pueblo*. ¿O tal vez me den un papel de extra en Wallace & Gromit, aventura en Caracas? Bueno, en todo caso ya estoy preparado. Lo estaba desde el año pasado, cuando se montó en mi oficina un nacimiento con figurines de plastilina, y no se me ocurrió nada mejor que completar el conjunto "María-José-el niño-los Reyes-la mula y el buey" con cloncitos de quienes trabajamos aquí.
En fin, algunas de las piezas andan rodando todavía de escritorio en escritorio, y he aquí lo que queda de mi dúctil replicante.
Y si algún visitante deste espacio planea algún stop-motion animation feature, déjemelo saber. Presto personaje. O ayudo a moldearlos...

* Por cierto, aquí hay un excelente mapa de Springfield, hogar de los Simpson.

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Feliz Navidad, Arte Real...

Primero de diciembre y en mi oficina ya terminan de colocar —o más bien, siguen ajustando: nunca terminan— los mil coroticos, arreglos, muñecos, floripondios, guindarajos y precarias aventuras artesanales que llaman decoraciones navideñas.
Navidad: junto a "patria", "madre" y otros peligrosos términos, aparentemente tiene el poder de suspender el juicio crítico en las personas. De suerte que cualquier apelotonamiento de materiales como fieltro, lentejuelas, cintas, pega blanca, escarcha, ramitas secas y algo brillante —ahora hay uno nuevo: láminas de foam, esa especie de colorida gomaespuma, como de cholas playeras o antirresbalante de baño, la locura—, en cualquier combinación posible de verdes, dorados, rojos y blancos, atacados con tijera, engrapadora o pistola de silicón (e inspiración), se llama "adorno". Y es bonito.
¿Cómo, de dónde, desde cuándo, se nos ha quedado el resabio según el cual se forra toda superficie plana y unicolor como si fuese a regalársele al primero que pase a verla? ¿Por qué es "más lindo" elaborar, escuelíticamente*, un poco de "adornos" y decorar con eso, cuando no todo el mundo tiene la habilidad manual, la paciencia o el buen gusto necesarios? ¿Por qué razón ante tales desmanes cometidos en nombre del espíritu navideño uno no puede decir "qué vaina tan fea" sin ser excomulgado y tildado de poco colaborador? Y antes de que las comparaciones con el verdoso Grinch** se hagan presentes, quede registrado que no propongo la total desaparición de lo decoración decembrina: es que prefiero algo más adulto, tal vez menos inspirado pero ciertamente más sobrio, si es necesario comprado, que para eso hay gente que sabe de eso.
¡Y don't even get me started (perdón, me gusta esa expresión porque se oye bien tajante: quise decir: ni me mencionen) los nacimientos "con tema"! Ya uno llanero, con sombreros pelo 'e guama y reyes coleadores de toros con cuatro al ristre es para mí el límite. 'Tá bonito. Pero he visto con estos ojos belenes siglo XXV, con "Arturitos" por mula y buey, donde robots visitan al niño y se esperaría que de un momento a otro el mismísimo Darth Vader rete a San José a un duelo...
* escuelíticamente: adv. de modo; se refiere a todo cuanto se hace o dice como si el entorno fuese una escuelita y nunca hubiésemos salido de ella. Ejemplos: murales callejeros recordando los deberes cívicos (tema futuro de un post), decoraciones artesanales (navideñas o de cualquier época), las carteleras.
** Grinch: A este lo conoce todo el mundo. Personaje de un cuento en verso por Dr. Seuss, ilustrado por él mismo (la imagen del post es de esas originales), llevado a la TV en una EXCELENTE animación de Chuck Jones y al cine por Ron Howard con Jim Carrey.

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Cerati en el Sambil, viernes 24...


Cerati, CCS, 23/11/2006
Originally uploaded by vemeko.
Pana, qué conciertazo...
El viejito (que ya Cerati no es un crío, como él mismo dijo), se lució con un recorrido por temas de Ahí Vamos —última producción—, Bocanada, Siempre es hoy, Amor amarillo... y de Soda, cómo no, uno que otro... De hecho, abrió el concierto con Juego de seducción, y se remontó hasta ¡Ecos! Por Cristo, de Nada personal, algo así como del '85... Alucine total.
La foto (by Vemeko), por cierto, corresponde a la primera fecha, el jueves, y yo estuve allí el viernes 24. Un poco más cerca (en la "ollita", y más a la derecha... y sin cámara, obviamente. Que si no, no me aprovecho de los derechos cedidos mediante Creative Commons por el autor para iluminar este post.

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Qué porquería...

Leí ayer en el excelente blog de Hugo Londoño (y luego en muchos otros) sobre el vulgar plagio que sufrió Guillermo Amador del contenido de un post de su espacio, El modulor, de manos de un ¿periodista? del Diario de Caracas, que tal como sugiere Horacio (recopila también las opiniones de otros blogueros sobre el incidente) debería cambiar su nombre a El Plagio de Caracas. Cuánto descaro.
¿Qué se puede hacer? En la página del diario no encuentro ninguna referencia al tema, ni comentario, ni disculpa. ¿Hacer llegar el cuento a otros medios, a ver si se genera una discusión?
Hay que hacer caso a lo que dice RomRod en su bitácora. Tal vez colocar el botoncito ese de Creative Commons dé alguna suerte de garantía (aunque acá nada está garantizado, digo yo) para que cosas como esta no ocurran, o al menos se reduzca su frecuencia.
Por cierto, no se pierdan la respuesta que recibió Kareta en su ExplíKme del tal Valecillos al ser descubierto...

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