Review: El Libro de Esther


El Libro de Esther
El Libro de Esther by Juan Carlos Méndez Guédez

My rating: 4 of 5 stars



¿Dónde queda el pasado? Si el camino de vida suele verse como una sucesión de bifurcaciones ante las cuales unas veces se escoge el camino, otras tantas se sigue la corriente y alguna que otra más nos obligan a ignorar la senda que habría sido la preferida, ¿es ocioso pensar que la vida que nos estaba destinada, la que merecíamos o la que nos era más cómoda se perdió en una de esas tantas bifurcaciones? Sucumbir a mirar hacia atrás, contar de nuevo una, mil veces ante un público que lo conoce ya el relato del acto azaroso que te llevó a donde estás ahora, sería como volver a trazar en la página todas esas “Y” imaginarias hasta romper el papel: hasta que brilla sin hollar esa región de la hoja donde queda el camino no recorrido. Una isla blanca de la vida no vivida.

Eleazar ha llegado al periodismo un poco por descarte, por un desapasionado balance entre habilidades y comodidad. Y al matrimonio con Marilyn, desde un vaso de Pepsi Cola derramado sobre su falda en la fiesta de pregraduación. ¿Por qué pensar entonces ahora en Esther, su ideal adolescente, la que pudo ser su novia esa misma noche, en esa misma fiesta?

Dos ideas prestadas de la ciencia ficción me socorren en el porqué. Una es que la realidad se niega a ser modificada: el presente, terco, encuentra siempre la manera de volver a manifestarse a pesar de las maquinaciones que un hipotético viajero en el tiempo inserte en el pasado. ¿Pero y si es al revés? ¿Si esa burbuja de ayer resiste como una posibilidad cierta a pesar de todo lo que el presente insiste en superponerle? Y no es que el presente de Eleazar sea muy halagador: es su antisocial hipocondría, es su inminente divorcio, es un jefe hijo de puta en un trabajo del que igual da renunciar. Tal vez todo ese presente se desdibuja con la velocidad a la cual crece el brillo de esa posibilidad que podría no haber muerto aún.

La otra idea es la de las realidades paralelas: distintos tiempos que se solapan en un solo espacio. Eleazar intenta entonces acercarse a Esther transitando la Caracas que tuvieron en común, pero la ciudad ha mudado su piel muchas veces: el liceo, los vecinos, el antiguo cafetín están allí, pero ya “nada parecía nombrarla, nada parecía contenerla”. El pasado se ha mudado. Y tal vez lo que lo hace más nítido y posible ahora es que en vez de entrecruzarse con fantasmas, Esther y lo que ella representa viven ahora en un presente concreto, en una geografía específica y ajena. Alguien le ha contado que se fue a Tenerife. Y allá va Eleazar en pos de lo que pudo ser.



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